EL OÍDIO EN EL HUERTO

EL OÍDIO, EN EL HUERTO

AGENTE CAUSAL:

Enfermedad fúngica aérea causada por diversas especies del género Erysiphe (E. baeumleri, E. difusa, E. pisiE. polygoniE. trifolii, etc.). Afecta a prácticamente todas las leguminosas (guisante, veza, haba, judía, garbanzo, lenteja, altramuz, latiros, alfalfa, etc.).

  • El inóculo primario en el ataque a una parcela puede provenir de restos de cultivo o ricio de otras plantas susceptibles, o bien por esporas transportadas por el viento desde otras parcelas. También puede transmitirse por semilla.
  • Los condicionantes de temperatura suave o cálida (15-35oC, óptimo 25-28oC) con humedad moderada (>60-70%) durante 4 o 5 días y el rocío favorecen su desarrollo. El viento favorece su dispersión. Sin embargo, las precipitaciones abundantes pueden lavar el hongo de la planta, especialmente en sus primeras fases de desarrollo.
Oídio en el calabacín

CICLO SÍNTOMAS Y DAÑOS:

  • Pequeñas manchas cloróticas que suelen comenzar en las hojas más bajas. Al crecer adquieren un aspecto pulverulento blanco o agrisado. Se distingue fácilmente de otras enfermedades porque las manchas se desprenden con facilidad al pasar el dedo. Pueden llegar a cubrir toda la hoja, tanto en el haz como en el envés, y afectar a todos los órganos aéreos de la planta. Finalmente, las manchas necrosan.
  • Las pérdidas se relacionan con reducción de la superficie fotosintética.

La característica más relevante, de este agente causal de esta enfermedad vegetal, es que no se trata de una única especie fúngica, sino de un conjunto de hongos, que tienen como característica común el ser biótrofos obligados. Es decir, sólo son capaces de vivir, crecer y esporular a expensas de las células vivas de la planta huésped. Aunque también son capaces de producir estructuras de resistencia (esporas) que le permiten sobrevivir en condiciones adversas y dispersarse a través del viento.

El principal síntoma de infección es cuando las hojas se cubren, principalmente en el haz, de manchas de aspecto algodonoso de micelio gris blancuzco a blanco con simetría radial. Dichas manchas crecen y llegan a ser coalescentes hasta cubrir por completo la hoja. En un ataque fuerte se observa la aparición del hongo también en el envés de las hojas e incluso en los tallos. Las partes afectadas, principalmente las hojas, se tornan amarillas, posteriormente se secan y caen.

No requieren agua líquida para su desarrollo, pero sí humedad ambiental. Les favorecen las primaveras muy húmedas (en torno al 70-80% de humedad relativa) y de temperaturas suaves. Desaparecen en pleno verano, siempre que el termómetro pase de 35ºC, para resurgir en otoño.

Estos hongos se manifiestan inicialmente en plantas aisladas pudiendo cubrir posteriormente todo el cultivo. En nuestros huertos los cultivos principalmente afectados son: las cucurbitáceas (calabacines, pepinos, melones, sandías, etc.), las solanáceas (tomates, pimiento, etc.), las leguminosas (guisantes, alubias, etc.), las crucíferas (coles, mostaza, etc.), los cereales (trigo, maíz, cebada, etc.), las lechugas, las acelgas, la menta, las fresas, las vides y los frutales, principalmente rosáceas (manzanos, ciruelos, melocotoneros, perales, nectarinas, albaricoques, cerezos, etc.). También afectan a muchas plantas de jardín, como rosales ornamentales, claveles, crisantemos, begonia, etc. y forestales como quercus y castaños, entre otros.

Oídio en el guisante

Daños ocasionados

  • Ataca hojas, yemas y brotes ralentizando su crecimiento, reduciendo su capacidad fotosintética, y por ende la productividad de los cultivos. En casos extremos las hojas se amarillean, se secan y caen, pudiendo acabar con la vida de la planta.
  • También afecta a flores y frutos, reduciendo las cosechas y originando frutos defectuosos. Los productos elaborados con estos se ven igualmente afectados (ejemplo: vinos, sidras, etc.).

 ¿Por qué aparece el Oídio?

Su aparición suele ocurrir en ambientes con una humedad relativa elevada. Riegos por aspersión, o lluvias prolongadas con temperaturas de entre 10 y 20 ºC, resultan óptimos para su crecimiento.  Un exceso de nitrógeno debido a un abonado también excesivo favorece su aparición, ya que esto obliga a la planta a absorber más agua de lo normal.

Una ubicación excesivamente sombreada que provea de condiciones de poca luz, la mala elección de un cultivo que se encuentre poco adaptado a las condiciones de nuestro huerto, cultivos pobres genéticamente y exceso de espesor de follaje con poca ventilación entre cultivos, se convierten en factores de riesgo añadidos a la temperatura y humedad.

Tratamientos ecológicos

El control de ésta enfermedad pasa por actuar de forma preventiva, corregir sus causas y evitar su propagación. Éstos son nuestros consejos en este sentido:

Tratamientos preventivos:

  • Favorecer la biodiversidad de nuestros suelos y sustratos: en tierras inoculadas con Trichoderma sp, un hongo antagonista de hongos patógenos se disminuye su riesgo de aparición. Los inóculos pueden adquirirse a nivel comercial.
  • Micorrizas: son los hongos beneficiosos que se asocian a las raíces de nuestras plantas, las protegen de enfermedades y las mantienen vigorosas. los inóculos también pueden adquirirse a nivel comercial.
  • Cultivos adaptados: es recomendable elegir especies que se encuentren mejor adaptadas a las zonas de humedad, a la hora de planificar nuestros huertos.
  • Cultivos diversos: asociaciones de cultivos favorables que se potencien y aumenten la resistencia a enfermedades y plagas. Así como una buena rotación para evitar la reaparición de la enfermedad.
  • Respetar el espaciado entre cultivos: no plantar muy denso. No sólo favorecerá la aireación, sino que también hará que nuestros cultivos sean más productivos evitando la competencia por los recursos.
  • Aireación, clareo y podas: la falta de aireación facilita la colonización por parte del hongo, esto puede ocurrir en aquellos casos que el follaje sea demasiado denso y apretado. Debe tenerse especial cuidado en invernaderos y terrazas acristaladas.  Por otro lado, cabe destacar que los clareos y las podas oportunas pueden actuar de modo preventivo. Si el hongo ya se encuentra instaurado, las heridas causadas por la manipulación podrían favorecer su propagación.
  • Hilos de cobre: enrollados en los tallos, trasfieren a la planta iones de cobre que dificultan el desarrollo de hongos. Esta técnica se utiliza con frecuencia en tomateras.

Tratamientos de control:

La infección con oídio es muy rápida, una actuación efectiva será aquella que se realice dentro de las primeras 24 a 48hs.

Oídio en las tomateras

Prácticas

  • Eliminar las partes afectadas: para evitar la propagación a otras hojas y tallos y también entre plantas. Debemos de tener especial cuidado a la hora de la manipulación. Es preciso una correcta higiene de manos, utensilios y herramientas con el fin de no contaminar las plantas sanas.  También es preciso eliminar restos de cultivos que puedan actuar como reservorio.
  • Eliminar hierbas adventicias: plantas como la correhuela son atacadas por el oídio, actuando como reservorio. De ellas pasa a nuestras plantas por el viento.

Preparados ecológicos

  • Purín o decocción de cola de caballo: el alto contenido en sílice de esta planta, propicia la formación de paredes celulares más recias impidiendo la implantación de patógenos. Además, contiene una saponina tóxica para los hongos denominada “equisetonina”. Todo ello la convierte en un excelente fungicida tanto de uso preventivo como curativo. Sus preparados pueden potenciarse disolviendo en ellos quelato de hierro.
  • Bicarbonato sódico: en una dilución al 1%, con unas gotas de aceite y otras de jabón líquido actúa como preventivo.
  • Dilución de peróxido de hidrógeno: agua oxigenada diluida en agua (75 ml para 5l de agua), combate síntomas primarios.
  • Suero de leche: al 5% o leche o yogur al 10%, son fungicidas debido a la presencia de ciertos aminos, fosfatos y sales de potasio. También cambian el pH de las hojas lo que mata o impide el desarrollo del hongo. Estas mismas sustancias actúan como abono foliar estimulante y protector.
  • Ajo y guindilla: macerados en agua o en infusión, pueden actuar de manera preventiva y combatiendo síntomas primarios.
  • Propolis: el propóleo es un producto elaborado por las abejas a partir de sustancias resinosas que recogen en las yemas de los árboles, arbustos y plantas más pequeñas. Las abejas lo colocan a la entrada de la colmena, con el fin de sellar todas las fisuras y evitar la entrada o presencia de cualquier parásito o enfermedad. Aplicado a la agricultura resulta un buen fungicida natural y controla los microorganismos patógenos al obstaculizar su entrada a través de los brotes tiernos, actúa como antiséptico y ayuda a la planta a aumentar sus defensas naturales.
  • Sales minerales de azufre: su aplicación tanto en forma de polvos como en dilución resulta fatal para el oídio, e inocuo para el ser humano si respetamos los tiempos de seguridad adecuados. Aun así, es recomendable lavar los frutos y hojas antes de consumirlos. Cabe destacar que estos minerales no sólo atacan a los patógenos sino a los hongos beneficiosos del suelo, por lo que su utilización debe ser comedida. Si la planta se encuentra plenamente invadida es preferible deshacernos de ella, su productividad se verá plenamente mermada y no volverá a recuperarse en su totalidad.
  • Nota:  el azufre en disolución debe suministrarse a temperaturas inferiores a 32º para evitar la aparición de quemaduras, siendo las horas más propicias las de las mañanas y las tardes.

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